Seleziona una pagina

Desde el pasado mes de julio comienzan a celebrarse en Italia las primeras uniones civiles entre personas del mismo sexo. Después de un ajustado proceso el país reconoce este derecho a los italianos e italianas, convirtiéndose así en la última región de Europa occidental en aprobar este tipo de enlaces.

Si analizamos el cómputo de países miembros de la Unión Europea y sus políticas sobre homosexualidad encontramos grandes diferencias entre los países más al este y el resto de estados miembros. El país pionero en reconocer las uniones civiles fue Dinamarca, dónde es legal desde 1989, le siguen Noruega (1993), Suecia (1995), Islandia (1996), España (1998), Francia (1999), etc. Lugares en los que actualmente también existe el derecho a contraer matrimonio sin ningún tipo de discriminación. De otro lado nos encontramos todavía países en los que ni siquiera se plantea la posibilidad de la unión civil, como es el caso de Bulgaria, Eslovaquia, Letonia, Lituania, Polonia, y Rumanía.

La Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea reconoce la potestad de cada estado miembro de regular el derecho de contraer matrimonio en su territorio. Es por ello por lo que cada país legisla sobre esto según su ideología. Por ejemplo,no se puede comparar la política igualitaria que se lleva a cabo en Bélgica, dónde la homosexualidad dejó de ser considerada un delito en 1792, que en Rumanía, dónde hasta 1996 realizar prácticas homosexuales era ilegal.

Obviamente la mentalidad de la sociedad es muy distinta en unos lugares que en otros, dependiendo de la historia que haya vivido cada país. Parece, que en una Europa cada vez más globalizada, comienzan a unirse ciertos criterios a la hora de entender la homosexualidad, aunque aún no se ha avanzado lo suficiente como para que toda la población asimile este tipo de uniones.

Nuestra manera de entender el mundo está condicionada por el mundo en sí en el que vivimos, los seres humanos aprendemos por imitación y vivimos en sociedad, desde pequeños buscamos ser parte del grupo, no quedarnos aislados: nuestros actos, nuestros anhelos, nuestras expectativas en la vida, nuestra idea de felicidad, la forma en la que nos interrelacionamos, todo lo que somos y lo que hacemos está ligado a la sociedad en la que vivimos, que no es otra que un conjunto de procesos y acciones que se han ido sucediendo a lo largo de la historia. Nuestro mundo actual no es más que el resultado de una serie de hechos, vivencias y creencias que han ido evolucionando y transformándose en lo que entendemos como “lo normal”, la forma correcta de actuar y de vivir en el mundo de hoy.

Al principio de los tiempos no existía el concepto que tenemos del matrimonio. En cada espacio temporal y en cada cultura las relaciones eran distintas. A lo largo de la historia podemos encontrar situaciones en las que las uniones entre personas se han dado por diferentes cuestiones: en la cultura greco-latina, por ejemplo, existían uniones entre hombres y mujeres de poder con motivo de asegurar el traspaso de sus bienes a la descendencia legítima. Sin embargo, el adulterio estaba permitido, y mantener sexo entre hombres era algo habitual y socialmente aceptado.

El matrimonio siempre ha estado vinculado a una serie de intereses socio económicos e incluso políticos. Esta unión salvaguardaba los intereses de los contrayentes y de sus familias y aseguraba la supervivencia. Con la llegada de las religiones se promueve la castidad y la fidelidad. El mensaje de lo impuro, de la honestidad, de ser casto y servir al dios “X” supuso una gran ayuda a los gobernantes imperantes de cada época: al tener una población que ya no práctica relaciones con diferentes parejas sexuales el riesgo de propagación de enfermedades se reduce. La subordinación de la mujer también contribuye en el mensaje implícito: los infantes nacidos tienen más probabilidad de sobrevivir en un hogar donde la mujer vela por los cuidados y el hombre trae dinero a casa. De esta forma los gobernantes se aseguraban a una población sana: buena mano de obra y buena mano de guerra.

En la era actual, con el aumento del nivel y la calidad de vida, y por ende al no existir la necesidad de supervivencia a través de una unión matrimonial, además de con el auge de Disney y toda la industria cinematográfica, las relaciones empiezan a entenderse según el concepto de amor romántico. En la mayoría de películas chico conoce a chica, chico y chica solventan problemas para estar juntos, chico y chica se casan, créditos y fin. Bueno y fin no, tú vuelves a casa anhelando lo que te están vendiendo, quieres ser igual de feliz que el protagonista, quieres sentir esas mariposas en el estómago, quieres encontrar a alguien y que no importe su raza, su credo, su color de piel, su estatus social o incluso la incompatibilidad de caracteres… a ti la tele te ha dicho que el amor no entiende nada más que de amor, que cuánto más difícil sea más bonito será terminar en el altar. El cine te muestra como un chico de baja cuna se enamora de una señorita y muere por salvarle la vida tras el hundimiento del barco en el que viajaban, a un príncipe que se enamora de una plebeya y pese a las trabas de la sociedad consigue casarse con la horma de su zapato, como un hombre de negocios hace que una prostituta deje de ejercer para terminar felizmente casados … Estamos acostumbrados a ver en la gran pantalla amores imposibles de concebir para aquella época en los que están contextualizados. Nos revelamos desde nuestros sillones porque nos parece injusto que no dejasen triunfar al amor, nos emocionamos con sus historias de lucha y superación, y se nos revuelve el alma porque no entendemos como ese amor tan sincero podía estar prohibido. Pensamos que aquella sociedad era injusta, y que se movía por unos intereses detestables. No entendemos como nadie se revelaba, como no decían “basta, es injusto”. Pero claro, los films reflejan el contexto histórico, y en aquellos tiempos las cosas siempre habían sido así y salirse del camino era ir contra natura.

Quizás algún día, se puedan ver en la gran pantalla historias reales del tiempo en el que vivimos, donde dos mujeres o dos hombres que se aman más allá de los límites culturalmente establecidos luchan por su amor, ya no prohibido, sino no reconocido ante la sociedad como matrimonio, y por ende como amor verdadero, tal y como se entiende a día de hoy el concepto de unión conyugal. Y tal vez ese día los espectadores se revuelvan en sus asientos pensando en lo injusta que era esta sociedad por negarles el derecho de vivir felices y comer perdices.

Author: L. A. Fernandez

Inconformista por naturaleza. Buscadora de respuestas diferentes a las que siempre nos contaron. Trabajadora social y feminista. Creo en la capacidad de las personas de hacer cualquier cosa, de extender sus alas y provocar un huracán en cualquier parte del mundo. People have The power.

Pin It on Pinterest

Share This

Share This

Share this post with your friends!