De dibujos animados por Bill Watterson, Calvin y Hobbes. original aquí

Traducción italiana , editado por Annalaura Garofalo , disponible aquí

Uno vive en paz y tranquilidad intentando aprovechar los placeres de un verano cerca de la playa, hasta que le ponen en el cuello la afilada hoja de la sociedad. “Venga, elige, o te rebanamos la yugular”. Y así se acaba la tranquilidad: otra vez toca decidir. Otra vez a elegir entre el bien o el mal. Los problemas que le persiguen a uno por vivir en sociedad.

Sepan ustedes que un servidor no es muy de radicalizar situaciones, y observarlas siempre desde el relativismo que ofrece el ponerse en los pies de varias opciones cuando se presenta un dilema sobre el que decidir. No conforme con eso, me confieso amante de las virtudes que ofrece cada cosa y de poder ser me quedo con todo lo que pueda. Pero no hay manera, siempre me acaban obligando a hacer una elección binaria. O eres de Coca-cola, o bebes Pepsi. El agua para los peces. En invierno tienes que quedarte con PlayStation o con Nintendo64 para tus ratos libres, los libros son para los raritos. Y, por supuesto, o bien te vas a la playa o bien a la montaña cuando tengas la suerte de coger vacaciones. Escoger ambas es vivir por encima de tus posibilidades.

Es así, siempre igual, te dan un círculo que no pediste y luego un lápiz para que empieces a dibujar la parte del yin y del yang con la que te quedas. No puedes no elegir. O eres del Real Madrid o apoyas al FC Barcelona, no vale otra cosa. Si eres del Real Betis Balompié te dan morcilla. Demasiado tenemos con la difícil carga de la elección, como para encima tener más de dos opciones entre las que escoger. Nada, nada: Charmander o Squirtle, tú decides. Bulbasaur era un chupapiedras simplón que nada tenía que ofrecer (según dicen, yo era del tipo planta desde pequeñito). Y en la cocina mejor no profundizar: la tortilla de patatas con o sin cebolla, cualquier otro añadido la convierte en una guarrada diferente a la tortilla (que puede estar buena o no, pero no se puede -o debe- llamar tortilla).

Qué le vamos a hacer. El falso dilema nos persigue a todos y todas en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida; y el sentirnos parte de un algo nos obliga a decantarnos entre dos únicas opciones de las n existentes. Arriba o abajo, izquierda o derecha. O blanco o negro, nada de grises. O estás conmigo, o estaré contra ti.

Esta falsa dicotomía y la necesidad social de sentirnos integrados en un grupo son los ingredientes perfectos para elaborar un buen cóctel del cual nacen las modas. Si además le añadimos a la receta la “gilipollez innata del ser humano”, tendremos el pan de cada día en internet: el odio. Como bien decía antes: o estás conmigo, o estaré contra ti. Porque a eso se acaba reduciendo, a odiar al que no es parte de tu grupo. Ni siquiera nos damos la opción de estrechar lazos entre las personas que nos rodean, nos basta con odiar a las de enfrente. O no, no nos basta sólo con odiarles: tenemos que conseguir que todos se posicionen en su contra (ser parte de un nuevo grupo).

Volvamos a empezar. Uno vive en paz y tranquilidad intentando aprovechar los placeres de un verano cerca de la playa, hasta que le ponen en el cuello la afilada hoja de la sociedad. “Venga, elige, o te rebanamos la yugular”. Me han dado a elegir: o eres de una moda, o eres de los que la odian (¿otra moda?). De nuevo la dualidad. Caminante no hay camino, sólo bifurcación en la que optar. Mirad si no a vuestro al rededor. Revisad vuestras redes sociales, las virtuales y las de verdad: todos divididos a favor o en contra. El principio aristotélico del tercero excluido: o bien eres enemigo de algo o bien no lo eres. Así que aquí me encuentro, en la tesitura de una decisión que no quiero tomar. ¿Que sobre qué debo posicionarme? ¿sobre los refugiados? ¿sobre el golpe de estado turco? ¿la investidura de Rajoy en España? ¿el feminismo? ¡Qué va! Por favor… yo hablo de Pokèmon GO!

Author: Don Cobacho

Como ingeniero, siempre he sido de ciencias y matemáticas, pero ahora no consigo rimar letras con cifras, por lo que esta doble vida me está llevando a la locura.

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