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Immagine copertina: “I was shocking” di Jeffrey Hill. Originale qui

Si hay un hecho destacable que ha caracterizado este verano ha sido la controversia de opiniones a raíz de la prohibición en Francia del uso del burkini en espacios públicos. Por lo visto, algunos municipios franceses opinaban que el hecho de usar este tipo de bañador que te cubre todo el cuerpo, era una cosa súper peligrosa, nivel extremo, que atentaba contra la seguridad pública.

A tal punto ha llegado la locura que ha tenido que intervenir la ONU bajo su figura de salvaguardar los derechos y libertades, instando a estos municipios a derogar esta controvertida legislación, al considerar que no contribuye en nada a mejorar la seguridad ciudadana, además de que genera odio y fomenta el extremismo violento. Pero ni aún así se acallan las voces. Continúan las opiniones como la de Lucio Malan, de Forza Italia, el cuál declara para la Stampa :“es muy peligroso decir que nuestras leyes deben ser hechas en funciones del peligro de que los fanáticos islamistas se ofendan y así nos ataquen”. Y así seguimos, señalando las diferencias, sembrando el miedo a lo diferente, exacerbando el patriotismo y lo autóctono, fomentando la islamofobia, abriendo cada vez más la brecha entre oriente y occidente, luchando por ver que cultura es la que tiene la verdad absoluta sobre todas las cosas, autoafirmando nuestro punto de vista, porque el lugar desde el que cada uno mira es el lugar correcto desde donde se ve todo claro… Pues no, todo depende del punto de vista desde el cuál se mire:

Foto tomada por un imán italiano este verano mientras un grupo de monjas se divierten en la playa.

Ya lo decía Eduardo Galeano cuando nos hablaba sobre el miedo “El diablo es extranjero. El culpómetro indica que el inmigrante viene a robarnos el empleo. Y el peligrosímetro lo señala con luz roja”.

El miedo nos obliga a actuar, a proteger a los nuestros. ¿Y cómo protegemos a nuestros queridos ciudadanos para que se sientan seguros? Pues legislando. ¿Y sobre qué se puede legislar con total impunidad? Pues ¿como no?, sobre la mujer.

Todas las voces opinan, y entre las personas detractoras del uso del burkini encontramos una parte importante que piensa que su uso debería estar prohibido en aras de la libertad de las mujeres. Esta prenda es fruto de una religión y una cultura patriarcal y machista donde la mujer tiene que acatar unas estrictas normas. Obviamente habrá chicas musulmanas que no estén de acuerdo con esta práctica, pero al igual que otras que lo utilicen por factores culturales, y quiénes lo hagan por creencias religiosas. La cuestión es que al prohibir su uso se aplica una doble discriminación: la discriminación con la que ya contaban por ser mujeres y no poder mostrar sus cuerpos en público, y la discriminación por ser musulmanas y no poder ejercer sus creencias. Básicamente lo que se consigue no es “liberar” a estas mujeres, ni que cambien el burkini por el bañador, sino el efecto contrario, alejarlas de la vida pública, de relacionarse con su entorno fuera del hogar, de poder disfrutar con normalidad de un día de playa o piscina, marginándolas aún más.

El concepto que tiene una gran parte de la sociedad acerca de la libertad es erróneo. Concretamente se reduce a “Tú estás oprimido, y no lo sabes, yo soy libre y te obligo a que tú también lo seas. A que seas libre bajo mi concepto cultural de lo que es sentirse libre”. Pero ¿qué es ser libre? Ser libre es actuar como te apetezca, sin que nadie coarte tus acciones. Pero…¿realmente somos libres para hacer esto? ¿De que dependen nuestras acciones?

Somos seres sociales, actuamos según nuestras convicciones culturales, sobre lo que entendemos por socialmente aceptable, conforme a lo que entendemos por normal. Por ejemplo, una mujer musulmana puede usar el burkini, o el burka, porque quiere, puede y le da la gana, nadie la obliga, son sus convicciones, y ella se siente así cómoda, segura, guapa, lo que sea. Pero nos atrevemos a juzgar eso, nos atrevemos a opinar que es su cultura la que ejerce esta presión sobre ella, y por eso lo hace, y que de esta manera se está perjudicando así misma y a sus derechos, y a los derechos del resto de mujeres musulmanas. Bien, es cierto, esta es la razón por la que lo hace. Pero, ¿qué es lo que nos motiva a hacer o a no hacer algo?

Hay un refrán que dice “antes de decir a otro cojo es, mirate tú los pies”. Pues de pies vamos a continuar hablando. Nosotras, las occidentales, usamos tacones. Yo me pongo mis tacones y me veo bellísima, elegante, con un cuerpo estilizado, me siento más cómoda, más segura mentalmente. Pero sin embargo, son incómodos, duelen, te haces rozaduras, tienes riesgo de sufrir problemas musculares, fomentan la aparición de varices, problemas en la columna, mal formaciones en los pies,… ¿Y entonces, por qué me los pongo? Pues mira, porque quiero, puedo y me da la gana. Soy libre para calzarlos, me gustan y me los pongo. ¿Le estoy haciendo daño a alguien? Pues bueno, sí, a mí misma, pero soy libre de hacer con mi cuerpo lo que quiera. Este discurso si que lo vemos normal, sin embargo es exactamente lo mismo. ¿Que pasaría si ahora viene alguien y nos dice que no podemos usar tacones? Que se van a prohibir porque no fomentan la igualdad entre hombres y mujeres, y porque es dañino y atenta contra nuestros derechos y libertades. Te quedarías como:

-WTF? Pero si es que es mi elección.
-Bueno, pero es que estás siendo oprimida por la sociedad patriarcal imperante, que a través de la televisión, la industria de la moda, y tal y cuál, nos crea complejos, nos inculca el concepto de mujer objeto, bonita, delicada, estilizada, alta, femenina, etc. Y por eso te sientes más segura, más mujer, y más guapa con tacones, te ves más hermosa, porque está establecido por la moda impuesta, que es producto al mismo tiempo de la sociedad patriarcal en la que vives y no te das cuenta.
-Pues muy bien, pero yo no lo veo así, y quiero llevar tacones.
-Pues no llevarás tacones porque aunque tu no logres a entenderlo, velamos por tu libertad.

Es completamente ilógico argumentar que esto se hace en base a tu libertad, cuando realmente coarta tu libertad de elección. Si quieres atajar de raíz las causas de una elección, habrá que hurgar en los cimientos. Las prohibiciones no fomentan la igualdad, la destruyen, y más cuando en aras de ella se legisla sobre el cuerpo de una mujer. A nadie se le ocurriría prohibir llevar barba y el pelo largo a los hombres para salvaguardar la seguridad ciudadana. Pero sin embargo si que se puede argumentar peligrosidad por el hecho de que una mujer lleve un burkini. Esto no es más que una manifestación más del odio-miedo a lo diferente, a lo que hay que sumarle la desigualdad de género imperante también en la cultura occidental, solo que de forma más sutil. Es la máxima manifestación de machismo de carácter legislativo de algo cotidiano y minúsculo que hacemos todas y todos a diario: opinar sobre lo que puede y no puede hacer una mujer. ¿Quién no ha criticado a alguien por llevar una falda muy corta? O por el contrario por ser demasiado larga, por no llevar el pelo arreglado, o bien por ir demasiado arreglada a un evento informal, por llevar maquillaje, por no llevar maquillaje, por llevar tacones, porque es tonta y se pone tacones sabiendo que le van a hacer daño, porque una dependienta de un comercio elegante va en zuecos… no pega nada, que poco glamour…, por comerse las uñas y tener unas manos poco femeninas, por tener la manicura francesa y tener unas manos ¡de no haber trabajado en la vida! ¡a trabajar al campo la ponía yo!, por llevar el pelo demasiado corto ¡parece un machorro!, por tener las puntas abiertas,por estar demasiado rellenita, por no tener curvas, porque va demasiado emperifollada al trabajo, porque su aspecto es demasiado informal para ir a trabajar, porque lleva sujetador y se le ve, porque no lleva sujetador, porque se le marca todo el tanga, porque se le marcan todas las bragas, porque parece que no lleva bragas,…

La cuestión es creerse superior a ella, creerse con la libertad de juzgar, de opinar, de incluso legislar sobre una mujer. Esta es la verdadera violencia machista estructural, la que no se ve, la invisible, la que ejercemos todas y todos sobre las mujeres a diario, la base de la pirámide, la base de nuestro sistema, la que finalmente degenera en conductas que atentan realmente contra la integridad de la mujer. La que no se erradica prohibiendo el uso del burkini o de unos tacones, la que se incrementa con este tipo de medidas. La única que esta solo a nuestro alcance cambiar, predicando con el ejemplo, llevando acabo conductas respetuosas, no inmiscuyéndonos en la elección de las demás, dejando de ejercer presión social, dejando actuar libremente sin ningún tipo de menosprecio a nivel microsocial. Y a gran escala legislando en materia de igualdad y educación. Dándole así a “los niños cambiados” la oportunidad de crear un mundo más justo, e igualitario, donde todo el mundo tenga realmente capacidad de elegir, sin prejuicios, sin complejos y sobretodo sin yugos invisibles religiosos, culturales o de moda que condicionen su “libre elección”.

HAY UNA GUERRA

Como una guerra entre culturas
nos venden esta guerra Santa
un bando ciego de locura
y otro que va a limpiar su alma.

Como una guerra entre culturas
como un cuento para niños
donde los malos y los buenos
se van cambiando la bandera
cuando se lo manda el dinero, dinero, dinero…

Dinos la cuenta,
bien resumida para no confundirnos,
aderezado de buen patriotismo
que no veamos que es todo lo mismo.
Que las masacres,
y el fanatismo
si tiene las manos blancas
no se llama terrorismo.

De allí…
del otro lado del mundo
vienen para arrebatarnos los valores
con el odio más profundo.

De allí…
vienen esos putos moros,
asesinos y homicidas,
y no como en occidente
aunque vendamos las armas
que arrebatan nuestras vidas.

Y allí donde a las mujeres
se dan palos si rechistan…
aunque aquí todos los años
se multipliquen las muertes por la violencia machista.

Un cuento donde no cuentan los muertos de enfrente
aunque caigan hospitales y decenas de inocentes…
Un cuento donde no hay héroes porque Oriente y Occidente…
no es tan diferente, no es tan diferente, ¡no es tan diferente!

Author: L. A. Fernandez

Inconformista por naturaleza. Buscadora de respuestas diferentes a las que siempre nos contaron. Trabajadora social y feminista. Creo en la capacidad de las personas de hacer cualquier cosa, de extender sus alas y provocar un huracán en cualquier parte del mundo. People have The power.

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